Esta semana he leído en el último número de la
revista Capital humano un artículo llamado “Trabajar en entornos optimistas y
divertidos genera resultados” (Ángel Lago, socio Director del Grupo Solutio)
En este artículo se dice que desde que Martin
Seligman habló sobre los beneficios del
Optimismo en las organizaciones, muchas
empresas apuestan por contratar personas optimistas y fomentar entornos de
trabajo divertidos. Varios estudios confirman que las personas optimistas
generan mejores resultados, son más resilientes y gestionan mejor las
situaciones de tensión y estrés. Desde este enfoque el artículo indica la
importancia de las acciones de Recursos Humanos desde la selección de personal
y la gestión del talento para que tengan en cuenta valorar las personas más
optimistas. Cuando se habla de empresas optimistas en este artículo se destaca
de ellas que son lugares con un ambiente de respeto, compañerismo y apoyo que
deriva en sonrisas y situaciones divertidas pero que se juntan con espacios de
concentración y tensión que genera el trabajo diario. Finaliza dicho artículo
con la pregunta ¿cómo es tu organización? para invitarnos a una pequeña
reflexión.
Estoy muy de acuerdo con varios aspectos de este
artículo pero me gustaría reflexionar sobre el tema.
Desde que una empresa decide incorporar un nuevo
empleado es importante tener claro el perfil, no solo los conocimientos ni las
competencias sino también es importante detectar si la actitud de la persona
seleccionada es la adecuada para el entorno en el que va a trabajar. No podemos
olvidar si la persona va a encontrarse con un puesto que le resulte retador,
donde pueda poner en marcha sus fortalezas, en un ámbito que le resulte
interesante y con un entorno adecuado. Si todos estos aspectos están alineados
el optimismo del empleado es muy probable que aumente en su día a día. Por otro
lado la persona que opte a un puesto de trabajo debe hacerse estas mismas
preguntas a la hora de aceptar un trabajo, tales como si el contenido del
puesto le resulta interesante, si considera que es útil para su carrera
profesional y si se va a sentir orgulloso de aportar valor en lo que emprenda.
En este punto reconozco que la situación actual no favorece ya que muchas veces
aceptamos trabajos porque “es lo que hay” y esto no suele ser un predictor muy
optimista. Aun así, incluso en esa situación uno mismo puede adoptar una
actitud optimista (no confundir con conformista) en la que utilice esa
oportunidad como un medio para llegar a lo que realmente está buscando.
Una vez que la persona está integrada en su puesto
de trabajo la actitud optimista va a depender de muchos factores. Es cierto,
como comentan en el artículo, que hay empresas que favorecen más el optimismo
que otras. Pero creo que en este punto los empleados no deben esperar a que la
organización les aporte un entorno favorable al optimismo sino que pueden optar
por tener esa actitud optimista, contagiar a sus compañeros e incluso a sus
responsables. Esto pone en marcha un motor donde las relaciones sean más fluidas,
los equipos trabajen con ilusión y favorezcan un ambiente positivo. Creer en lo
que haces y ponerle pasión es la mejor forma de ser optimista en tu día a día.
En mi experiencia profesional reconozco que me
siento afortunada porque he trabajado en entornos positivos incluso cuando la
situación no ha sido favorable, aumenta la tensión y se generan situaciones
desagradables ha habido lugar para sonreír, para desdramatizar esas situaciones, para sacar el lado positivo
y seguir aportando valor. Pero igualmente creo que ese ambiente positivo se ha
generado desde dentro, desde cada uno de las personas integrantes de los
equipos en los que he trabajado, incluso ese optimismo se ha contagiado hacia
los responsables y otras Áreas de la empresa.
Con esto yo sumaría una pregunta a la planteada en
el artículo y preguntaría ¿cómo eres tú en tu organización?
Que paséis una feliz semana!
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