domingo, 10 de mayo de 2015

Alegría

Semana a semana hago referencia de un modo u otro a la felicidad, el bienestar, sentirnos bien,… Una de las fuentes de bienestar para mí es la lectura y dentro de mis lecturas tengo autores cuyas obras retomo de forma recurrente como por ejemplo Mario Benedetti. Este fin de semana he releído parte de la obra Vivir adrede de este autor y me he encontrado con un pasaje que quiero compartir:

Alegría

Uno tiene derecho a la alegría. A veces es humo o es niebla o es celaje. Pero detrás de esas demoras ella está, esperando. Siempre hay una hendija del alma por donde la alegría asoma sus despabiladas pupilas. Entonces el corazón se vuelve más vivaz, se extrae de su quietud y es casi pájaro.

La alegría sobreviene después de las ausencias, al fin de las nostalgias. Si uno se reencuentra con lo amado y su revelación unánime, es lógico que el gozo nos abrace y a uno le vienen ganas de cantar. Aunque no tenga voz, aunque esté ronco de pasadas angustias.

Después de todo la alegría es un préstamo, no nos pertenece. Es una locurita, un premio pasajero, pero la disfrutamos como si fuese propia, como un lucro, como una primavera de la vida. Ella se aferra al tiempo, arrastra un poquito de la infancia y se mete soplando en la vejez.

Semana tras semana, año tras año, la alegría va llenando vacíos. Hasta que no puede más y se vuelve tristeza.

Me llama la atención especialmente el tercer párrafo donde define la alegría como algo pasajero, un préstamo, sabiendo que yo misma puedo buscar esa “locurita” pero sin renunciar al derecho a estar triste en algunos momentos, a sentir que existen ciertos vacíos con los que convivir y otros que llenar sin temer a ser juzgada por ello. Recorrer la vida a veces en la cuerda floja, pero sin renunciar al disfrute de la misma siendo consciente de lo bueno que tengo para disfrutar y aquello que me hace daño que debo superar.


Que paséis una feliz semana!

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