En varias entradas de este blog os propongo técnicas
para trabajar en nuestro comportamiento orientadas a fomentar el aumento de
bienestar, pero una cosa es saber lo que tenemos que hacer y otra cosa
diferente es llevarlo a cabo con la constancia y autodisciplina que se
presupone.
Seguro que tenéis a vuestro alrededor personas que hacen una
actividad concreta de forma regular y a las que siempre se les etiqueta de “muy
autodisciplinadas”. Pues bien, del estudio de personas que hacen ciertas
actividades periódicamente se sabe que no se requiere tanto de autodisciplina
como parece. Es más, no es adecuado depender de la fuerza de voluntad para
mantener de forma recurrente una estrategia que nos lleve a obtener un cambio
personal.
La autodisciplina es una característica que en parte
está determinada genéticamente por lo que a veces es complicado de modificar,
además, la autodisciplina se debilita en tanto en cuanto hagamos uso de ella.
Si
nos observamos un día normal de nuestra vida vemos que vamos gastando
autodisciplina llegando de forma puntual a nuestras citas, manteniendo nuestro “saber
estar” en toda situación, realizando cada tarea de forma diligente,… Si tenemos
que introducir una tarea diferente a las habituales debemos seguir consumiendo
autodisciplina y eso aumenta la probabilidad que la abandonemos porque el día a
día nos va desgastando.
Por esta razón lo que necesitamos para mantener
ciertas actividades en el tiempo es lo que se conoce como rituales positivos.
Se ha definido ritual positivo como un
comportamiento apoyado en un valor profundamente asumido que se realiza con una
periodicidad específica y que se vuelve automático con el paso del tiempo. Es
cierto que necesitamos autodisciplina para iniciar un ritual pero una vez el
ritual en sí se acaba convirtiendo en una costumbre ya no demanda de esa
autodisciplina que podemos utilizar para otras actividades en cualquier otro
ámbito de nuestra vida. Es decir, por medio de un comportamiento estructurado
con una periodicidad específica, haremos uso de una pequeña dosis de autodisciplina
al inicio disminuyendo la probabilidad de abandonar.
Por lo tanto es necesario que entrenarnos
paulatinamente en la actividad que queremos introducir en nuestro día a día
convirtiéndolo en un hábito y no derrochando nuestras reservas de
autodisciplina.
Que paséis una feliz semana!
No hay comentarios:
Publicar un comentario