Ayer
fue mi cumpleaños y, aunque ya voy cumpliendo bastantes años, para
mi siempre es un día muy especial, entre otras cosas porque tengo la
oportunidad de darme cuenta de las personas tan maravillosas que
tengo a mi alrededor.
Esa
pequeña reflexión me ha hecho dedicar el post de hoy a un ejercicio
que propone Klaus W. Vopel para valorar las relaciones que tenemos a
lo largo de nuestra vida, tanto nuestros amigos como aquellos que no
llegan a serlo pero igualmente pueden aportar aspectos muy positivos
en nuestra vida.
Este
ejercicio nos lleva a ponernos en la situación imaginaria de ser
conscientes que el tiempo de nuestra vida se está agotando y nos
sentimos en el deseo de escribir nuestra última voluntad.
Redactamos
por tanto un pequeño testamento donde dejemos escrito nuestro
legado, pensamos en todas las personas con las que nos hemos
relacionado y decidimos qué objetos de nuestra herencia queremos
dejar a nuestros amigos y conocidos. Quizás también podemos pensar
en si dejamos algo a aquellos con los que no somos afines pero que
han formado parte de nuestra vida. Es posible que alguna persona que
lea estas palabras le resulte que puede dar cierto “mal rollo”
pero en este ejercicio es importante también el sentido del humor y
el ingenio para sacarle todo el partido posible y que nos genere
cierto bienestar.
En
el momento de comenzar a escribir debemos contar con que es imposible
que recordemos a todas las personas con las que hemos tenido alguna
relación a lo largo de nuestra vida. Por tanto, hacemos una
selección entre las personas que fueron importantes para nosotros en
los momentos buenos y en los malos. ¿Quién debe recibir algo de mi
propiedad y qué? No es necesario pensar únicamente en los objetos
de valor, también se puede pensar en algo trivial. Cada objeto
dejado en herencia supone un último comentario sobre esa relación.
Al
escribir nuestra última voluntad justificamos en cada caso por qué
actuamos de ese modo. Puede ser muy positivo añadir un pequeño
mensaje personal para cada “heredero”.
Una
vez hecho este ejercicio podemos reflexionar sobre aspectos como:
- ¿Qué significa la propiedad para mi?
- ¿Qué objetos tienen una importancia emocional para mi?
- ¿Qué tipo de personas me han rodeado?
- ¿Qué les falta a mis relaciones?
- ¿Cómo reaccionarían mis “herederos” ante mis legados?
- ¿En qué medida me resulta fácil desprenderme de algo?
- ¿Qué me gustaría cambiar de mis relaciones?
- ¿En qué momentos me siento sólo?
- ¿En que momentos me siento arropado?
Complementario
a este ejercicio os propongo hacer una reflexión mas sobre el legado
emocional que queremos dejar en los demás. Cuando desaparecen de
nuestras vidas ciertas personas dejan una huella en nosotros que no
se toca pero la llevamos siempre con nosotros. ¿Qué huella estamos
dejando nosotros en las personas que tenemos en nuestro entorno?
Que
paséis una feliz semana!

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