¿Cuántas veces has
escuchado a alguien decir algo como esto? “Si pudiera cambiaría algunas cosas de mi pasado”. En
ocasiones sentimos que haber tomado ciertas decisiones y no otras quizás nos
habría llevado por un camino bien diferente al que nos encontramos en el
presente y quién sabe si ese camino sería mejor. En estos casos creo que lo
mejor es reflexionar sobre si el balance de lo que has ganado y lo que no has
logrado es positivo. Sea cual sea tu pasado las emociones que hayas sentido
condicionan tus emociones en el presente y en tu futuro.
Las emociones
relacionadas con el pasado están guiadas por el pensamiento y la
interpretación. Las emociones que genera el pasado van desde la resignación,
serenidad, orgullo y satisfacción hasta la amargura más absoluta y la ira,
emociones que están determinadas por completo por los pensamientos del pasado.
Existen dos
corrientes irreconciliables en Psicología sobre la emoción y el pensamiento: la
perspectiva freudiana afirma que la emoción siempre determina el pensamiento
mientras que para los cognitivistas el pensamiento siempre guía la emoción.
Existe una creencia
basada en que tu pasado condiciona tu futuro lo cual implica que no cabe mucha
posibilidad de cambiar el rumbo de tu vida. Esta no es una de mis creencias
pero sí que considero importante tener en cuenta mi pasado para utilizarlo en
el presente y moldear el rumbo de mi futuro.
Según M. Seligman la
valoración y disfrute de los buenos momentos del pasado, así como enfatizar los
malos, son aspectos que socavan la serenidad, felicidad y satisfacción del
presente y futuro. Las principales emociones positivas del pasado para Seligman
son satisfacción, realización personal, orgullo y serenidad.
Nuestro pasado no
tiene por qué estar cerrado definitivamente, podemos cambiar las emociones que
nos genera dándole un nuevo significado. Para ello os dejo un ejercicio
planteado por Klaus W. Vopel: recuerda un acontecimiento pasado que en su
momento no resultara satisfactorio. Escribe dos historias:
a) En la primera
historia interpreta el acontecimiento de un modo negativo, dramatizando lo
sentimientos desagradables.
b) En la segunda
historia interpreta ese mismo acontecimiento de un modo positivo resaltando
aspectos como el aprendizaje obtenido.
Tendemos a pensar
que los acontecimientos pasados son objetivos y verdaderos pero podemos hacer
una nueva interpretación de esos sucesos resaltando aspectos positivos, de esta
manera decidimos darle un enfoque diferente a nuestro pasado.
Una vez hecho este
ejercicio puedes hacer una pequeña reflexión intentando contestar las
siguientes preguntas:
- ¿Puedes
identificarte con las dos historias?
- ¿En qué medida ha
cambiado tu actitud frente al acontecimiento?
- ¿Qué historias
negativas te limitan tu capacidad de acción y de experimentar cosas nuevas?
- ¿Qué ganarías
interpretando de forma positiva alguna de esas historias?
Considero que las
experiencias negativas son útiles y más aún si en el presente o futuro las
puedo utilizar para actuar, experimentar y provocar experiencias positivas.
Cuando no resultan útiles estas experiencias negativas es cuando me paralizan y
disminuyen mi capacidad de continuar moldeando mi futuro.
Que paséis una
feliz semana!
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