domingo, 12 de abril de 2015

Cuestionarse el cómo


Hace mucho tiempo me contaron que se había realizado el siguiente experimento:

Pusieron a cinco monos juntos en una habitación. En el centro de la misma ubicaron una escalera, y en lo alto, unos plátanos. Cuando uno de los monos ascendía por la escalera para acceder a los plátanos, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría. Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se aventuraba a ascender en busca de un plátano, el resto de monos se lo impedían con violencia. Al final, e incluso ante la tentación del alimento, ningún mono se atrevía a subir por la escalera. En ese momento, los experimentadores sacaron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en la habitación. El mono nuevo, trepó por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría hiciera su aparición. Después de repetirse la experiencia varias veces, al final el nuevo mono comprendió que era mejor para su integridad renunciar a ascender por la escalera. Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial. El primer mono sustituido participó con especial interés en las palizas al nuevo mono trepador. Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos. En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría. Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos.

Uno de los aprendizajes que se extrae de esto es que en muchas ocasiones no cuestionamos la forma de hacer las cosas, simplemente las hacemos porque “esto siempre se ha hecho así”

Intentando buscar la verdadera fuente de este “experimento” me he encontrado con que parece ser que nunca se llevó a cabo como tal, pero existen referencias a otro experimento realizado por un zoólogo estadounidense, Gordon R. Stephenson, en 1967. Este último experimento es bastante menos espectacular que el que ha trascendido de forma popular. Tal experimento consistía en lograr que un mono asociara un determinado objeto con un castigo X. Después se introducía a monos no entrenados en la misma jaula del mono entrenado para observar la reacción de este cuando sus nuevos compañeros se acercaban al objeto en cuestión. En una de las ocasiones, el mono entrenado apartó de forma brusca al no entrenado. En otra ocasión, ejemplares entrenados mostraron expresiones de agresividad y de miedo cuando un mono no entrenado intentó manipular el objeto. Cuando se sacaba de la jaula al mono entrenado, los monos no entrenados mostraban un índice de manipulación del objeto menor que el del grupo de control integrado por monos que no habían recibido jamás un castigo por manipular el objeto. El experimento no obtuvo los mismos resultados con las hembras, que demostraron menor aprensión hacia el objeto y que perdían el miedo en cuanto veían a otra hembra manipularlo sin que le ocurriera nada.

De todos modos esto me ha dado pie a reflexionar en qué medida el comportamiento humano obedece de alguna manera al patrón de conducta que siguen estos monos. No nos cuestionamos ciertas formas de hacer las cosas porque hemos aprendido que se hacen de una manera determinada. Quizás por miedo a proponer algo que no sea aceptado, quizás por no complicarnos, pero este tipo de comportamiento nos limita y no nos deja probar, experimentar, innovar… lo cual genera, en ocasiones fracasos pero otras veces aporta una mayor probabilidad de éxito en aquello que emprendamos. Así que, ¿por qué no romper esas barreras y cuestionar, proponer, arriesgar y aprender de la experiencia?

Que paséis una feliz semana!

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