El ritmo
que llevamos día a día muchas veces nos impide saborear los buenos momentos que
tiene la vida. A veces detalles insignificantes, a veces momentos clave en
nuestra vida pero, al menos en mi caso, siento en algunos momentos que no me
dedico el tiempo suficiente a parar, dedicar el tiempo suficiente a disfrutar,
sentir únicamente las emociones del momento…
Este fin
de semana me he permitido dejar Madrid, alejarme de un día a día a veces
frenético, a veces frustrante y otras veces bonito pero las sensaciones
negativas me nublan las cosas buenas que me rodean. Así que el viernes me
liberé de mi atuendo formal del trabajo, me puse unos vaqueros desgastados,
unas zapatillas y dejé de lado todo aquello que me preocupa cada día. Todo ello
con una actitud sencilla, querer saborear todo lo que me vaya llegando.
Mientras
el tren iniciaba su camino a mi lado una amiga, de esas a las que no les puedo
dedicar el tiempo que me gustaría y con la que he disfrutado cada segundo que hemos
pasado juntas. El tiempo que nos llevó el viaje lo aprovechamos para ponernos
al día y reírnos de nosotras mismas, lo cual creo que es un ejercicio muy
saludable.
El resumen
del fin de semana ha sido disfrutar de una cerveza fresquita en una terraza refugiándonos
de las altas temperaturas, escuchar música, reír, bailar, saltar, cantar y
terminar cada día agotada pero con una gran sonrisa, auténtica felicidad.
Mi pequeño
oasis de este fin de semana ha llegado a su fin pero lejos de ponerme triste
tengo una sensación enorme de bienestar, de poder enfrentarme a los miedos y
las frustraciones que me rodean pero sobre todo, de poder prestar atención a
todo lo bueno de la vida que supera con creces lo negativo. Sé que tengo
obstáculos que superar tomando decisiones importantes pero también soy
consciente de necesitar cierta perspectiva para ser consecuente conmigo misma y
con la vida que me gusta vivir.
Como veis
el post de hoy es totalmente vivencial bajo el cual simplemente pretendo
incidir en la importancia de buscarnos un pequeño oasis de vez en cuando, no es
necesario recorrer kilómetros para encontrarlo, muchas veces lo tenemos mas
cerca de lo que creemos. Cada uno tiene su pequeño oasis para disfrutar de
aquello que más le haga feliz, no dejemos de buscarlo y dedicarle el tiempo que
se merece dejándonos llevar. Sin dejar de atender nuestras obligaciones siempre
podemos encontrar esos momentos para refugiarnos en lo que nos aporte,
simplemente, pura felicidad.
Que paséis
una feliz semana!
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